martes, 17 de julio de 2007

Treinta y tantos

Los años con su marchar hacen que todo cambie, por evidente que parezca, no deja de ser una revelación que nos susurramos al oído, para que nadie nos oiga y logremos así tener el tiempo suficiente para admitirlo.
Hay una vieja frase célebre anónima (mientras qué alguien no reclame autoría) que dice: “… quién no es rebelde a los 20 no tiene corazón y quién lo es a los 40 no tiene cabeza…”. ¿Y a los 30? ¿qué ocurre? De todos los colores, cada uno la suya, una experiencia, una vivencia, una sensación, un color.

Siguiendo la frase más o menos de forma literal, tenemos un momento de transición, imágenes de rebeldía, cambio, gritos, sentimientos, ansia por compatibilizar caminos. Los sueños no están lejos como para verlos desde la distancia, con una sonrisa mirando el mar al atardecer, están aún ahí, negándose a irse, a pasar a un “…cuando se pueda..”, sino que luchan por ser protagonistas, estar vivos entre los vivos.

Por contra, las responsabilidades, las evoluciones vecinas, los periódicos, en el fondo la razón mayoritaria te empuja hacia la corrección y seguridad. La estabilidad nos aporta todas las comodidades que somos capaces de encajar con nuestros medios, para no variar en ningún momento nuestra situación y dependencia de la seguridad.

Las comodidades traen un precio no incluido en el precio, pero que como buen añadido al final hay que rendirle cuentas. Morimos en los momentos del pago por tener las alas y levedad de los tiempos jóvenes, donde el movimiento era el principal recurso que se poseía y el que se añora.

Esta visión tan romántica de una década frente a la otra es normal, tiene mucho más encanto, como animar al pequeño, en el fondo David nos conquistó el corazón, sin olvidar el desconocimiento de lo que sucederá en el futuro.



Hasta aquí un “...no cambiaré nunca…” parece ir muy apropiado, pero nunca es mucho tiempo. Nunca se sabe que va a pasar.

Llega el momento en el que hacer las cosas de antes te chocan, no te cuadran con la realidad, probablemente sin reparar en los porqués, sino tan solo por la repetición de los actos diarios, por los roles encajados a base de días en nuestra costumbre, porque nuestro cuerpo así lo dice. Te puedes sentir hasta extraño ante la convivencia de vivencias, pero ¿hacía dónde hay que avanzar?¿la razón o el corazón?


Puede ser que el período de transición, de renuncias, de cambios en las sensaciones y demás, se sientan también de colores, cada uno “con su pan se lo coma”.

Probablemente las dudas siempre, por no decir nunca, están con uno, dando compañía en el camino, tan solo el tiempo nos dará una pista para saber algo, pero siempre nos faltará lo otro.

Afortunado el que coge su camino y lo sigue con convicción, sin mirar atrás, sin dudar, eligiendo su color favorito.

Aunque de forma confusa no deja de tener su gracia aún a pesar de poder ser una vivencia tardía, un niño que se empeña en permanecer vivo entre los vivos de la mano del hombre.


2 comentarios:

Isabel Burriel dijo...

¿periodo de transición? Todos lo son. Seguro.

Pasitos de bebe dijo...

Esa frase creo que es mia jajaja